(é um orgulho meu ser amigo e orientador de Felipe Victoriano, que vira doutor no próximo dia 24. Felipe é um dos maiores ensaístas chilenos da sua geração, autor de uma tese de mestrado sobre os desaparecidos e de uma série de textos críticos sobre literatura. Convidei-o a que hoje nos contasse uma história: a da conversão do Estádio Nacional do Chile em campo de concentração. Essa história se mistura com a da partida de futebol fictícia que o Chile disputou contra a União Soviética depois do golpe militar e que classificou o Chile para a Copa de 1974. Se for um esforço ler em espanhol, vale a pena. O tema hoje é futebol e sangue. Com a palavra, Felipe Victoriano) .

Para recuperar la historia que une al Estadio Nacional de Chile a la dictadura de Pinochet, será necesario rescatar un episodio que, según el escritor Eduardo Galeano, se conserva como “el partido más patético de la historia del fútbol”. Dos semanas después del golpe de estado en Chile, el 26 de septiembre de 1973, se jugó el partido de ida por un cupo al mundial de fútbol de Alemania, el mundial del 74’, entre la selección chilena y la selección de la Unión Soviética, en el estadio Lenin de Moscú. El partido de vuelta estaba programado para el 21 de noviembre, y se jugaría en El Estadio Nacional, por entonces, campo de concentración y tortura de la junta golpista.
El encuentro de ida no fue televisado, y según trascendió, concluyó con un histórico empate a cero, ante aproximadamente 60 mil personas, y respecto del cual se harían célebres los talentos defensivos de Quintano y Elías Figueroa. Sin embargo, la clasificación al mundial dependía del partido en Santiago. El presidente de la federación de fútbol soviética, Valentín Granatkin, había manifestado su rechazo a jugar el partido de vuelta en El Estadio Nacional. La decisión final provino del Kremlin. De acuerdo al libro de Gilberto Agostino, Vencer ou Morrer. Futebol, Geopolítica e Identidade Nacional, el centralismo de Moscú operaba con estrictos cálculos de Estado, los cuales diseñaban el comportamiento deportivo de sus selecciones. Habría que recordar que, por aquel entonces, el Dínamo de Kiev ganó el campeonato nacional, desplazando así a los equipos de la capital, de tradición eslava. El festejo en Ucrania fue censurado, temiendo se produjera una efervescencia incontrolable de sentimientos nacionales. Tal vez, entre los jerarcas, se comentaban los sucesos de 1942, cuando el Dínamo de Kiev venció a una selección de Hitler, en plena ocupación alemana: Los once fueron fusilados con las camisetas puestas, en lo alto de un barranco, cuando terminó el partido.
Sin embargo, las razones de no presentarse a jugar, aparecerán oficialmente el 2 de noviembre de 1973, difundidas por la agencia UPI: por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos (…) La Unión Soviética formula una resuelta protesta y declara que en las condiciones actuales, cuando la Federación Mundial de Fútbol, obrando contra los dictados del sentido común, permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en territorio chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la FIFA. La URRS no jugaría el partido de vuelta, menos en El Estadio Nacional. En términos formales, esto significaba que Chile clasificaba al mundial de fútbol por “secretaría": la Unión Soviética no pisaría El Estadio Nacional, salpicado con sangre, permitiendo así la victoria del elenco chileno por falta de rival.
Sin embargo, un detalle importantísimo en este contexto, sería la mención que el comunicado soviético hace de la FIFA. Tendría expresa relación con una comitiva, liderada por un suizo y un brasileño, que arribaron a Chile en su representación el 24 de octubre, y con manifiesta intención de garantizar El Estadio Nacional como escenario viable para una eliminatoria. Estuvieron 48 horas, dentro de las cuales se reunieron con el ministro de defensa de facto, almirante Patricio Carvajal, y visitaron el estadio, en cuyos recintos permanecían aún cerca de 7 mil personas detenidas por los militares y sus organismos de inteligencia. Jorge Iturriaga, en un valiosísimo artículo dedicado a conservar la memoria de estos hechos, resume así la presencia de la FIFA a los días de instaurada una de las dictaduras más feroces del Cono Sur: Para cerrar su visita al país, los emisarios ofrecieron una conferencia de prensa con el ministro de defensa (…) a quien le regalaron un prendedor de corbata y unas colleras de oro con el sello de FIFA. ‘El informe que elevaremos a nuestras autoridades será el reflejo de lo que vimos: tranquilidad total’. El brasileño tranquilizó a los dirigentes chilenos: ‘No se inquieten por la campaña periodística internacional contra Chile. A Brasil le sucedió lo mismo. Pero luego pasará’.
Pasó en Brasil, cuando Emilio Garrastazu Médici capitalizó el triunfo de la selección de Pelé en el mundial de México, en 1970. En dicha oportunidad, el propio dictador impuso a su tirador preferido, Dario, en clara desavenencia con el entonces entrenador de la escuadra brasilera, João Saldanha. Se temía –recuerda Agostino- que el entrenador llegara a México con una lista de presos políticos en el bolso, y, en entrevista colectiva, delante de los micrófonos y cámaras de todo el mundo, denunciara las violaciones a los derechos humanos que venían ocurriendo en Brasil.
Se haría célebre, sin embargo, la frase de Saldanha, o presidente escala o ministério dele que eu escalo o meu time, costándole el puesto algunos días antes de que saliera la selección a México. Sucedió, ciertamente en Argentina, 8 años después. Una vez el Papa enviara su bendición, al son de una marcha militar, el general Videla condecoró a Havelange en la ceremonia de la inauguración, en el Estadio Monumental de Buenos Aires. A unos pasos de allí, estaba en pleno funcionamiento el Auschwitz argentino, el centro de tormento y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada.
Han pasado treinta años de los “incidentes” que llevaron a Chile, recién iniciada la dictadura, al mundial de fútbol de 1974. Sin embargo, lo que vuelve citable esta historia radica en el hecho de que, mientras la presencia de la escuadra soviética fuera descartada con anticipación, dejando con ello la clasificación en el bolsillo, el encuentro de vuelta en El Estadio Nacional se jugó de igual manera aquel 21 de noviembre de 1973.

Las razones por las cuales se jugó el partido de vuelta con la “URSS” en El Estadio Nacional, pueden resultarnos, ahora, anecdóticas. Jorge Iturriaga nos revela que acudieron sólo 11 mil espectadores ese domingo de septiembre. La selección chilena vistió de rojo, con una formación compuesta por los mundialistas Quintano y Figueroa, Reinoso, Valdés y el gran Carlos Caszely. La parodia fue completa: el orfeón de carabineros tocó el himno nacional, izándose la bandera chilena. Un árbitro hizo sonar el silbato y dos jugadores chilenos salieron en busca del ‘arco soviético’. Trotando, sin rivales enfrente, pasándose la pelota entre ellos, los chilenos llegaron a un arco vacío. A un metro de la línea de gol, Chamaco Valdés convierte un tanto ficticio.
Ese gol ficticio, le deba la clasificación a Chile al mundial de Alemania de 1974, constituyendo el triunfo deportivo más importante iniciada la dictadura. Sin embargo, la puesta en escena de ese gol ficticio necesitó devolver El Estadio Nacional a una significación que había perdido. En efecto, mientras la Asociación Chilena de Fútbol (ACF) organizaba aquel patético encuentro en El Estadio Nacional miles de chilenos permanecían prisioneros, sufriendo los nuevos procedimientos de la política represiva impuesta por los militares. Tal vez, esto último venga expresado de modo siniestro por las palabras de un miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA, ante la negativa soviética de pisar el Estadio Nacional: Si Granatkin dice que el Estadio Nacional está ocupado con detenidos, yo saco una carta en la cual el Gobierno de Chile asegura que varios días antes del 21 de noviembre dicho escenario estará a disposición del fútbol.
El Estadio Nacional, el recinto deportivo más grande de Chile, se convirtió tempranamente el día del golpe en el lugar de la imaginación concentracionaria de la dictadura. Dicha imaginación había calculado el número de “enemigos” con relación a la capacidad de público que El Estadio Nacional poseía (80.000 espectadores), convirtiéndolo aquel 11 de septiembre en el campo de concentración más grande en la historia del país.
En esa oportunidad, para cerrar la "gloriosa" jornada de clasificación al mundial, fue invitado el Santos de Brasil, sin Pelé: Chile 0 Santos 5. En el mundial de Alemania del 74’ Chile no ganará ni un sólo partido.